
Tras confirmarse el fallecimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el panorama de la seguridad nacional en México enfrenta una reconfiguración definitiva con el ascenso de Juan Carlos Valencia González, conocido en el ámbito de inteligencia como “El 03”.
Este relevo generacional no es producto de una coincidencia, sino de una estrategia de sucesión que coloca a Valencia González como el heredero natural de una de las estructuras criminales más expansivas del continente.
Su llegada a la cúpula de la organización representa la unión de las dos facciones más poderosas del grupo: el brazo armado de los Oseguera y el músculo financiero del clan de “Los Cuinis”, debido a su vínculo directo como hijo de Rosalinda González Valencia.
A diferencia de otros mandos que han sido capturados o extraditados, como es el caso de Rubén Oseguera “El Menchito”, “El 03” ha logrado consolidar un liderazgo basado en la operatividad táctica y la lealtad de las tropas más jóvenes.
Se le identifica como el estratega detrás de la creación del “Grupo Élite”, una facción con entrenamiento paramilitar que ha sido la punta de lanza en la expansión territorial hacia estados como Michoacán y Guanajuato.
Esta capacidad de mando militar, sumada a su conocimiento de las rutas logísticas para el tráfico de sustancias sintéticas, lo convierte en el objetivo prioritario para las agencias de seguridad internacionales, que mantienen una recompensa de 5 millones de dólares por información que facilite su captura.
La consolidación de Juan Carlos Valencia al frente de la organización marca una evolución en el modelo delictivo, caracterizada por un uso más agresivo de la tecnología y tácticas de guerra urbana.
Para estados de la zona centro, incluyendo Puebla, este cambio de mando mantiene bajo alerta a las autoridades locales, ya que la estrategia de expansión de “El 03” suele enfocarse en el control de nodos logísticos clave. Con la desaparición de la figura fundacional de “El Mencho”, el ascenso de Valencia González busca garantizar la continuidad operativa y evitar la fragmentación interna, posicionándolo como el nuevo rostro de un mando que ya ejerce el control absoluto sobre las decisiones estratégicas del grupo.
